Los impíos
¡Oh Zeus de tiempos remotos! líbranos del infierno del careta, trasunta la tierra de ignominia. ¡Oh Zeus, has justicia a los mortales!
Llévate al fuego eterno, ¡Oh Zeus! al águila sentada en el lupanar, siete herejes negros en sus querubines, usurpador inglés de la tierra del cóndor.
Echa ¡Oh Zeus! ¡Oh Apolo! al dictador a las tinieblas del eterno hades, fuego y ceniza y abismo del Erebo.
Tú, puñal asesino, risas desataré desde mi caterva, hasta ver a los hijos de puta, ahogarse en el Leteo.
El embaucador
Baja desde la gloria de los cerros, en la peatonal de los vientos, el jinete negro, el innombrable. Sus ejércitos de taciturnos y cadeneros ,
y cafañas de las diez, por calles bulliciosas de la ciudad, al pie de la majestuosa cordillera, imponiendo la dictadura del dos mil.
Llévate tus ejércitos de sábalo , que siembran el luto tras las puertas del lupanar, allá en el cementerio de papel donde tú vives, tus días de exaltación.
No tienes pueblo que cante tu victoria, tus armas de espanto esparcieron la huesuda , desde los nidos de los cóndores altos, a las llanuras soleadas allende el Desaguadero.
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